Verde IV, de Egar Murillo

MIERCOLES 9 DICIEMBRE 2009

 Verde IV, de Egar MurilloVerve IV, es un obra del artista Egar Murillo, realizada con la técnica monotipia.

Pocos artistas de Mendoza pueden jactarse de tantos premios-adquisición de diferentes instituciones, de tener obra comprada por museos y de ser referente de la mayoria de los artistas jóvenes de Mendoza quienes lo consultan y admiran. Es lo que se dice ‘un profeta’ en su tierra.

Las obras del artista son por demás sutiles, poéticas, y de una elegancia pocas veces vista. Sentí emoción cuando hicimos la curación de las obras que irían para la muestra.

Los dejo con las palabras que Eva Rodríguez escribió para esta ocasión: “La idea faro de la muestra individual que en esta ocasión presenta Egar Murillo es la tensión entre una naturaleza revelada en su más profunda vitalidad y la mirada desde el filtro inevitable de la cultura.

Ramas, tallos y hojas o pájaros marcan las líneas nerviosas de un sistema orgánico, para alcanzar cierta espontaneidad expresionista en el trazo. Prevalecen aquí las enmarañadas formas de cortezas y nervaduras que, entrecruzadas, determinan la espesura vegetal.

La técnica aplicada en las obras es el grabado y dentro de éste, la monocopia, una tradicional forma de expresión, no tan olvidada y que Murillo rescata para desafiar en el papel las experiencias de la pintura, el dibujo y el mismo grabado.

Existe un juego visual con estos elementos compositivos, a los que el artista le agrega un diagrama de puntos que intervienen la imagen y funcionan como una retícula; que pareciera adelantarse o atrasarse hacia el fondo del plano. Murillo trabaja con oposiciones conceptuales y la retícula actúa como un elemento racional, geométrico, casi industrial, contraponiéndose al estado primigenio de la naturaleza viva y sus formas caprichosas.

Pero aun en esta serie, decide no prescindir de la figura humana. Personajes femeninos con larguísimas cabelleras que llegan hasta los límites del plano habitan también el papel.

Melancólicas cabezas de cabellos oscuros se mimetizan con los ramajes vegetales. Las figuras caen o permanecen inclinadas -a veces heridas- en la búsqueda de su sombra. Son paisajes del pensamiento, matices de la cotidianidad perdida y huérfana.

Las huellas de ciervos y pájaros son el indicio de la presencia humana predadora. Otra vez, naturaleza y cultura, juegan una intensa pulseada. Y el artista, una vez más, no se priva de poner el foco en la denuncia ecologista.

Con esta muestra, la sutileza, inteligencia y sensibilidad del plástico se mezclan para conseguir un exquisito mundo de formas y sensaciones atemporales, pero que a la vez pisan firme en el territorio de cuestiones, perspectivas y preocupaciones contemporáneas.”


Cecilia Romera

mceciliaromera@yahoo.com.ar

 

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