Antonini: “El vino no es sólo un negocio”
Alberto Antonini es uno de los propietarios de Altos Hormigas y asesora a 10 bodegas en Mendoza. Dice que aquí encontró una cultura del vino que no es muy común en los países del Nuevo Mundo.
Alberto Antonini es, junto a Michel Rolland y Paul Hobbes, uno de los fliyng winemakers que poseen proyectos propios y asesoran a otras bodegas en Mendoza. Vino por primera en 1995 y desde entonces no paró de volver.
Antonini fundó la consultora Matura en Italia, en 1996. Y en 2003, junto con Ramiro Marchesini, abrieron Matura América Latina en nuestra provincia. En este momento asesoran a 40 bodegas y están presentes también en Chile, Brasil, Uruguay y Bolivia.
Es socio de Altos Las Hormigas y recibió a Punto a Punto en las oficinas de Punto a Punto.
-¿Cuánto hace que viene a Mendoza?
-La primera visita fue en agosto de 1995. En ese entonces sabía muy poco de Mendoza. Mi primer contacto con el vino mendocino fue en Davis, California, donde conocí a Patricio Santos y me hizo probar un Norton de los años 60’s que me llamó mucho la atención por su estilo. Unos años después me invitó y vinimos con Antonio Morescalchi, uno de mis socios en Altos Las Homigas. Nos quedamos enamorados.
-¿Ahí decidieron lanzar Altos Las Hormigas?
-Sí, porque mi amigo quería hacer inversiones y primero recorrimos otras zonas de Italia, pero aquí nos enamoramos y lanzamos Altos Las Homigas. Después de me llamó Adriano Senetiner, que estaba todavía en Nieto & Senetiner y con quien empezamos el proyecto Cadus.
-¿Cuántas bodegas asesora hoy en Mendoza?
-Unas 10. Vengo muy seguido porque tengo mucho trabajo, que hago de través de Matura.
-¿Fuera de Mendoza adónde hace asesoramientos?
-En Chile, Uruguay, California, Sudáfrica, Portugal y Australia. Además de Italia, por supuesto, donde tengo el 50% de mi trabajo.
-¿Cómo ha evolucionado Mendoza desde 1995?
-Han pasado muchas cosas. La primera vez me gustó mucho el gran potencial en condiciones climáticas, suelos, altura, intensidad luminosa, amplitud térmica, el agua de la cordillera… Y también me gustó mucho la cultura con respecto al vino, que es difícil de encontrar en el Nuevo Mundo. También me gustó la estructura de la industria, con muchos pequeños propietarios. Aquí no es como en otros países del Nuevo Mundo, donde se siente que el vino es un negocio. El vino es el corazón de Mendoza, y no se puede vivir si no se tiene vino. Es parecido a muchos lugares del Viejo Mundo, como Toscana, Burdeos, Rioja. Eso me hizo sentir muy cómodo.
-¿Cómo se refleja eso en los vinos?
-Son vinos con más alma, más carácter, más identidad. No es puro negocio, es algo más. Por supuesto que el vino tiene que ser rentable, pero no todo es negocio. El vino es familia, historias, lugares, compromiso, pasión. Son muchas cosas que sentí muy presentes en Mendoza.
-¿A los vinos mendocinos se los puede definir de alguna manera?
-La palabra “Mendoza” es muy amplia y puede designar muchas cosas. Por suerte estamos explotando muchos terruños y ojalá que un día no se hable del Malbec mendocino sino que se hable de Agrelo, de Vistalba, Vistaflores, Altamira, Medrano…
-Enológicamente hablando, ¿lo primero que le impactó fue el Malbec?
-En esa época no se hablaba tanto del Malbec. Se hablaba mucho de otras variedades, tal vez porque faltaba un poco de confianza de parte de los productores, que no confiaban tanto en el Malbec. A mí particularmente me encantó y por eso en Altos Las Hormigas desarrollé ciento por ciento el Malbec. Hay que enfocarse en las cosas que tengan una identidad bien Argentina, obvio que sin dejar de hacer otras cosas. Pero aquí hay Malbec, Bonarda, Torrontés. En un mundo tan globalizado hay que aprovechar la posibilidad de tener algo único.
-¿Le costó mucho trabajar en la Argentina?
-Hace 15 años que trabajo en distintos países, y en todas partes hay ventajas y desventajas. No hay países ideales. Cuando me hablan de la inseguridad de la Argentina yo contesto: ¿Cuáles son los países seguros? ¿Estados Unidos? ¿Inglaterra? ¿Con el Citibank, con acciones que bajaron de 50 dólares a 70 centavos? ¿Con Bernard Madoff, que se robó 60.000 millones de dólares? ¿Esos son los países seguros?
-O sea que acá no está tan mal…
-Cuando uno llega a un país tiene que acostumbrarse a una manera de hacer negocios, lo cual es interesante porque también es la diversidad del mundo, como en los vinos. Acá el negocio no es fácil, pero no es más difícil que en otros lugares. Yo aquí tengo mi proyecto propio y además soy consultor, y en las dos cosas me ha ido muy bien. Pero no sólo es mi caso sino el del 99% de los extranjeros que han venido a la vitivinicultura. Pregúntele cómo les fue a los franceses, españoles, portugueses, norteamericanos, chilenos. A todos les fue muy bien.
-¿Qué vino argentino le gusta tomar?
-Me gustan mucho los vinos que expresen su origen. Los de la zona fresca, los del Este, los de algún terruño. Me gusta apreciar la diversidad del vino y además lo que tenga ganas de tomar depende de muchas cosas, como el día, el humor, o de si probé muchos vinos mientras trabajaba, en cuyo caso tomo mucha agua…
-¿Y su restaurante favorito en Mendoza?
-Lo mejor es el horno de barro que tenemos en Altos Las Hormigas y una mujer que cocina empanadas, asado y chivito. En general no ceno mucho porque soy maratonista y me cuido. Pero me gusta ir a Don Mario, La Barra y el restaurante de Zuccardi, porque me gustan mucho las comidas típicas.
Galería de fotos






