Cómo formar un buen equipo de trabajo

MIERCOLES 10 JUNIO 2009

Cómo formar un buen equipo de trabajoLa crisis y posible reestructuración en las empresas es un momento ideal para rever los roles clave que deben tener los grupos de trabajo y las funciones de cada uno de ellos. En este artículo de la Revista Fortuna, las claves para formar el equipo ideal.

Para generar equipos comprometidos se deben desarrollar ciertas competencias en sus miembros y todos los integrantes del grupo deben cumplir su rol sin perder el foco y la noción de equipo. Estas competencias deben ser la empatía, la lealtad y confianza consigo mismo y con los demás, el autoconocimiento y la autorreflexión, el sentido de responsabilidad, la autodeterminación, optimismo, iniciativa y tenacidad, la inquietud por la superación y la capacidad de autoevaluación.

Estas competencias pueden adquirirse. El ingeniero estadounidense Peter Senge, en su libro La quinta disciplina, habla de la necesidad del aprendizaje de los equipos: “La unidad fundamental de aprendizaje de las organizaciones modernas son los equipos y no las personas. El aprendizaje en equipo se inicia en el diálogo, es decir, en la capacidad de los miembros de un equipo de entrar a pensar juntos auténticamente”. Es decir que el pensar como un todo es mucho más productivo que la suma de las partes.

En este sentido es que es necesario que cada miembro de un equipo asuma un rol. El encontrar roles positivos hace posible minimizar el efecto de los roles negativos o individualidades distorsionadoras de equipo. El experto inglés en formación de equipos Meredith Belbin, en su teoría sobre roles recomienda la participación de nueve roles diferentes en los equipos de trabajo eficientes.

El Coordinador. Es quien debe ser capaz de generar sinergia en el grupo, y es quien aclara y define las metas y promueve la toma de decisiones. Debe también coordinar los esfuerzos de todos para alcanzar los objetivos. Es capaz de delegar y moviliza a las otras personas en sentido positivo porque permite que el equipo se concentre en la tarea, a la vez que deja aflorar la creatividad individual y grupal. Cumple también la función de transmitir seguridad al resto del equipo y brinda la información requerida o indica dónde o con quién hablar para obtenerla. La coordinación de equipos de trabajo puede desarrollarse en sentido vertical, es decir que responde a los niveles jerárquicos. Por ejemplo, un gerente, en lugar de tener 50 subordinados y estar saturado de trabajo, puede colocar un nivel de jerarquía más bajo que el suyo, incorporando tres subgerentes y que reúnen cada uno un equipo con un número controlable de personas. La coordinación también puede ser horizontal y, en este caso, el rol de coordinador es cumplido por un miembro del grupo con más eficiencia que por un superior.

El Creativo. Es quien aporta su imaginación y creatividad al equipo. Resuelve problemas difíciles. Es una persona llena de ideas, fuente de propuestas y sugerencias originales. Puede tener problemas para comunicarse y suele ignorar los detalles; y muchas veces los demás no lo comprenden enseguida que es cuando sus ideas afloran, sino que lo terminan entiendo más tarde.

El Investigador. Busca oportunidades, es comunicativo y su papel principal es el de evitar que el equipo se quede estancado. A veces se confunde con el creador pero, a diferencia de éste, no aporta ideas originales sino que sus ideas son conocidas por sus lecturas, observaciones, experiencias u otras fuentes externas, las cuales podrían serle de mucha utilidad al equipo. Puede ser demasiado optimista y puede perder el interés cuando cesa el entusiasmo inicial.

El Impulsor. Es un individuo retador y dinámico. Puede trabajar bajo presión, tiene iniciativa y coraje para superar obstáculos. Su carácter impulsivo puede ofender a otras personas, sin embargo, bien integrado, su energía empuja a los demás para avanzar en el trabajo.

El Evaluador. Es serio y perspicaz. Percibe las oposiciones, juzga con exactitud y analiza las ideas presentadas, valora sus pro y sus contras y proporciona instrumentos de análisis para que el equipo pueda decidirse por la alternativa más adecuada. La persona que desempeña este rol generalmente carece de iniciativa y no tiene habilidad para inspirar a otros, y muchas veces puede resultar demasiado crítico.

El Cohesionador. Es cooperador y apacible, perceptivo y diplomático. Escucha a los demás, evita los enfrentamientos y es sensible para identificar necesidades e inquietudes de los demás miembros. Su instinto lo lleva a tratar de inspirar ideas en el resto de las personas que forman el equipo de trabajo, sirve de puente en el manejo de conflictos. En situaciones cruciales, suele ser indeciso y es fácilmente influenciable.

El Implementador. Es el organizador práctico que transforma las decisiones y estrategias en tareas definidas y realizables, que los miembros del equipo puedan manejar. Es disciplinado, leal y eficiente. En ocasiones puede ser inflexible y lento en sus respuestas al cambio.

El Finalizador. Esta persona se preocupa por lo que puede estar mal realizado y por los detalles para asegurarse de que se ha hecho todo; es el meticuloso del equipo, el que vela por no dejar nada que hacer. Es esmerado y concienzudo. Realiza las tareas en el plazo establecido. Tiende a preocuparse excesivamente y no le agrada delegar.

El Especialista. Está interesado por una sola cosa a la vez. Cumple con sus obligaciones y aporta conocimientos técnicos específicos. Contribuye solamente cuando conoce del tema.

Equipo. A medida que un grupo aprende a trabajar se familiariza con el desempeño de las tareas y los roles se configuran naturalmente. Las personas descubren cómo armonizar sus habilidades técnicas, sociales y emocionales en el equipo, y esto incide en el desempeño eficiente del grupo. Cada uno irá abandonando su postura o individualidad negativa para convertirla en un rol positivo que apunte a un objetivo común y le otorgue eficiencia al trabajo. Entonces, las personas que forman un grupo de trabajo se desarrollarán como equipo y aportarán ventajas visibles a la empresa.

Fuente: Revista Fortuna (autor: Silvia Stamato, Magister en Gestión)

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